mercredi 8 décembre 2010

Tratamiento de los Trastornos Fóbicos


Los trastornos fóbicos se definen como el miedo persistente e irracional a un objeto, actividad o situación específica, lo que motiva a un deseo compulsivo de evitar el objeto, la actividad o la situación temida.

La conducta de miedo o evitación tiene que ser una fuente significativa de malestar para el individuo y que interfiera en su forma de vivir, para que se considere un trastorno fóbico.

Hay tres tipos de fobias: agorafobias, fobias específicas y fobias sociales.

La agorafobia es el miedo a ver solo en un lugar o una situación en la que el afectado piensa que no hay salida o está nos es difícil. La fobias específicas son las que se centran en determinados objetos o en situaciones concretas, como la claustrofobia o la acrofobia. Las fobias específicas recibían el nombre de fobias simples y existen cinco subtipos:

  • animales, como puede ser miedo a los perros o arañas.

  • Natural-entorno, como miedo a los espacios abiertos.

  • Sangre-inyección, o miedo a las inyecciones

  • situacional, como el miedo a conducir un coche

  • otras, que incluyen las no especificadas en las cuatro clases anteriores (como el miedo a vomitarse o atragantarse).

La fobia social (denominado también trastorno de ansiedad social) es el miedo a verse en una situación en la que los demás le observan a uno, con el resultado de sentirse avergonzado o humillado. Debido a este temor, a las personas afectadas por este tipo de fobia les resulta imposible realizar las tareas sociales más sencillas como puede ser hablar a un grupo reducido de personas.

En la aparición y duración de una fobia pueden intervenir diversos factores como son edad, sexo y el tipo de reacción al objeto o situación. Por ejemplo, el promedio de edad de la aparición de las fobias a animales, a sangre, a las tormentas y al agua tienden a situarse al principio de la niñez.

Cuando surge el objeto o la situación que provoca la fobia, la reacción es severa. Éstas son algunas de las características de la fobia:

  • El individuo entiende que su miedo es irracional y totalmente desproporcionado respecto a una posible amenaza a su seguridad o bienestar.

  • Las reacciones físicas pueden ser palpitaciones, respiración entrecortada, miedo, sudoración y necesidad de rehuir de la situación o apartarse del objeto.

  • El individuo siente un pánico persistente e irracional cuando se encuentra con el objeto o situación.

  • La reacción no es voluntaria sino automática.

  • La persona evita el objeto o la situación que provoca la fobia. Dado que el objeto o la situación, por sí misma, no suponen ninguna amenaza, es fácil comprender hasta qué extremo puede ser agotadora la reacción de una fobia.

Aproximadamente el 11 por cierto de la población general padece una fobia concreta durante su vida. En las mujeres existe una tasa de incidencia de por vida aproximadamente del 15 por ciento en contraste con el 7 por ciento en los hombres. El promedio de edad de presentación de una fobia se sitúa entre los quince y los veinte años.

Se cree que la fobia social es el trastorno de ansiedad de mayor incidencia, co un 13,3 por ciento aproximado en algún momento de su vida y un 8 por ciento en un año determinado en la población general. La fobia social es, además, el tercer trastorno mental en orden de incidencia después del de depresión grave y la dependencia del alcohol.

El tratamiento más eficaz para la fobias específicas son las estrategias basadas en la exposición sobre todo en vivo (exposición en la vida real). La hipótesis subyacente a la terapia de exposición es que el paciente se enfrente a su miedo y llegue a adaptarse a él. En la desensibilización, el terapeuta presenta gradualmente y con cuidado un objeto o una situación al paciente. Aparte de la desensibilización se puede recurrir a la implosión exponiendo directamente e indirectamente al paciente a la situación o al objeto temidos y sometiéndole sin tregua a la exposición hasta que disminuya su ansiedad.

Los factores que diferencian a los tratamientos de la exposición in vivo son la duración y la frecuencia de sesiones, el grado de implicación del terapeuta y el empleo de elementos terapéuticos complementarios. En general, parece ser que las sesiones intensas (como puede ser una sesión prolongada) dan el mejor resultado clínico. En un estudio en el que se aplicó una sola sesión de tres horas se obtuvo un 90 por ciento de notable mejoría o recuperación en personas con fobias animales o a las inyecciones. Además cuanto más se implica el terapeuta, más probabilidades existen de contrarrestar la fobia. Los pacientes que siguieron la terapia con presencia del terapeuta, en contraste con la terapia de exposición auto-aplicada, obtuvieron un índice de mejoría mucho más elevado que los que no contaron con la ayuda de un terapeuta (71 por ciento contra el 6 por ciento).

Los métodos más utilizados en el tratamiento de las fobias sociales son el entrenamiento en habilidades sociales, las técnicas de relajación y los métodos basados en la exposición (como los empleados en la fobias específicas), todos ellos aplicados en conjunción con terapia cognitivo-conductual.

  • El fundamento del entrenamiento en habilidades sociales es que las personas con fobias sociales son deficientes en sus habilidades sociales verbales y no verbales, pero existe tan poca investigación sistemática sobre eficacia de este tratamiento que no podemos afirmas si da buenos resultados.

  • El entrenamiento en relajación tiene por objeto reducir es estado de excitación que experimenta quien padece una fobia social, pero también en este caso existe poca investigación que permita aseverar si es una estrategia eficaz para tratar fobias sociales.

  • El método baso en exposición y terapia cognitiva parece ser una excelente y eficaz combinación en el tratamiento de fobias sociales. Mediante él el paciente se enfrenta a la situación que le atemoriza hasta que su ansiedad disminuye gradualmente. Las sesiones de exposición se llevan a cabo in vivo haciendo frente al episodio que causa la fobia. El factor cognitivo del tratamiento se focaliza sobre el papel de la evaluación negativa (la tensión o la reconstrucción del entorno, según las necesidades del paciente). Se ha demostrado que esta combinación de exposición y terapia cognitiva es superior a cualquier otro tratamiento psicosocial.

Las fobias sociales se han tratado eficazmente con medicación, aunque es evidente que se requiere aún más investigación para consolidar la confianza en este enfoque.

  • Los inhibidores de la monoaminoxidasa, como al fenelizina (Nardil/ no se comercializa en España), son eficaces en el tratamiento de las fobias sociales, pero presentan notables efectos secundarios como hipertensión, aumento de peso, insomnio y disfunsión sexual.

  • Los betabloqueantes se han utilizado pero no se ha demostrado que sean eficaces.

  • Los benodiacepinas, como el clonazepam (Klonopin/Rivotril), son eficaces para reducir la ansiedad social, la insensibilidad interpersonal y el nivel general de discapacidad. No obstante, téngase en cuenta que este tipo de fármacos puede causar adicción y problemas para suspenderlos.

  • Los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina, como la paroxetina (Paxil/Seroxat, Frosinor, Casbol), son útiles en el tratamiento de fobias sociales a juzgar por los resultados de ensayos bien controlados y bien diseñados.

Actualmente también se han puesto en práctica nuevas formas de tratamiento como es la realidad virtual, la cual, intenta imitar la exposición in vivo. Tiene las ventajas de ser un ambiente mucho más controlado, no obstante, también ahí está su mayor defecto, pues no sustituye al exposición in vivo, por no hablar de su alto precio.

Todavía queda mucho camino por recorrer en lo que a fobias se refiere, ya sea por parte de los orígenes o su tratamiento.

Bibliografía

Gorman, J.M, Nathan, P.E, Salkind, N.J (2002). Tratamientos de trastornos mentales, una guía de tratamientos que funcionan.Madrid, Alianza Ensayo.

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