dimanche 5 décembre 2010

Herbart y la pedagogía científica



Herbart ha a pasado a la historia de la educación por ser el primero que elabora una pedagogía que pretende sea científica, apoyándola en la filosofía y la psicología. Entiende que hay que distinguir entre la pedagogía como ciencia y el arte de la educación; para él la pedagogía es ciencia de la educación, como tal es una ciencia autónoma que tiene su objeto propio (el hombre), unos medios y un fin. Considera que el fin último es la moralidad y toda la educación debe apuntar en ese sentido. En el ámbito didáctico desarrolla la teoría de los pasos formales, bastante utilizada posteriormente por las corrientes educativas más avanzadas. La otra dimensión didáctica y educativa que toma fuerza en Herbart es la teoría del interés y la motivación como centro del proceso de enseñanza-aprendizaje tan utilizado por los movimientos renovadores del siglo XX.

Johann Friedrich Herbart nació en Oldemburgo el 4 de mayo de 1776, fue discípulo de Fichte y de Schiller en Jena, uno de los focos más brillantes del pensamiento filosófico alemán, entre 1794-1797. Por esta razón sus comienzos están influenciados por el idealismo de ambos filósofos, pero pronto la lectura de la obra de Kant, su experiencia pedagógica en Suiza y los contactos que tuvo con Pestalozzi, acabaron acercándolo al campo del realismo y naturalismo. En un medio filosófico idealista, Herbart se anuncia como individualista y realista que no tenía mas fe que en la experiencia, oponiéndose a la filosofía de Kant, Fichte y Schelling.

El más importante de sus trabajos pedagógicos fue su libro Pedagogía general derivada del fin de la educación, publicada en 1806. En él están formulados los principios fundamentales de su sistema de educación que, en sus trabajos posteriores, especialmente en su Bosquejo de lecciones pedagógicas, seguirá desarrollando.

La psicología y la ética herbartianas están a la base de su pedagogía por eso conviene acercarse a dichas disciplinas tal como él las concibe. El objeto de la psicología en Herbart no es el alma sino todos los actos de autoconservación o representaciones del alma, en cuanto persistentes en el recuerdo. Tales representaciones del alma, en cuanto persistentes en el recuerdo. Tales representaciones tienen un carácter dinámico y se repelen o se unen según sean opuestas o no.

La idea esencial de la pedagogía de Herbart es que la instrucción es el fundamento único de la educación entera. No hay más que una sola educación, la educación por la instrucción o la instrucción educativa, la instrucción tendrá la misión no de desarrollar el espíritu sino de crearlo. Pero la gran palabra mágica de la pedagogía de Herbart será el interés, el gusto que se toma a una cosa y que hace que se encuentre placer en ello. En Herbart la palabra interés tiene un doble sentido porque se aplica al mismo tiempo al objeto que excita el gusto y al sujeto en el que el gusto es excitado. El interés es la fuente de la actividad. Nuestro autor distingue dos fuentes del interés: el sentimiento de atención curiosa que provoca la experiencia y el interés que resulta de la vida social.

Cuando se refiere a los grados de enseñanza, no hay mayor dificultad para entender que el primer paso debe ser la claridad y que éste debe ampliarse con el método descriptivo. El segundo momento de la enseñanza es la asociación, el trabajo de la comparación que permite apoderarse de la relación de las intuiciones. El tercer grado de la enseñanza será el de la sistematización en el que maestro toma parte muy activa con el método de la síntesis. En la cuarta etapa el maestro vuelve a hacer silencio y es el alumno el que debe demostrar que ha asimilado la instrucción recibida, es la parte de los ejercicios prácticos.

La idea de moralidad debe dominar toda la enseñanza. Para Herbart es más importante aún que la cultura intelectual. La virtud es el fin supremo de la educación. Pero antes de que pueda comenzar con utilidad la cultura moral hay un período provisional que es el del gobierno de los niños o disciplinas. Este período no debe durar sino unos pocos años y servirá para preparar y dejar su lugar a la verdadera educación; preserva al niño de perjudicarse a sí mismo y le impone una sumisión pasiva hasta que nazca en él la voluntad. Pero se trata de una disciplina suave que gobierna al niño y lo enseña a gobernarse a sí mismo. Herbart admite el castigo, incluso el corporal, cree necesario en algunos casos.

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