mardi 8 décembre 2009

Robo en la madrugada. [8. Diciembre. 2009]

3:50 de la madrugada, empiezan a tirar piedras y bloques al patio, rompen mesa de vidrio, vidrios de las ventanas y puertas.

Salen del patio por nuestros gritos y siguen tirando piedras a las ventanas de la cocina y mi habitación y a patear la puerta de entrada. Entran y me amenazan que me van a pegar un tiro, pero no tenían armas, mis gritos y ver a Felipe al lado mío medio que lo amedrentan y se va, pero cuando me acerco a querer cerrar la puerta toda rota, vuelve y me tira una piedra por la cabeza y la esquivo, Marcia cierra la puerta y va el tipo a mi ventana y rompe la persiana a patadas y abre la ventana. Sigue pateando y pegando piñas a la ventana porque yo se la iba cerrando cada vez que la empujaba con el palito, y seguía gritando para ver si alguien me escuchaba, y de repente le mete dos piñas al vidrio, lo rompe y meta la mano y medio cuerpo para querer manotear lo que había en el escritorio de la compu, solo alcanza a agarrar la base del teléfono inalámbrico mientras yo le daba sin asco con el palito en la mano y brazo y gritaba como una desaforada que se fuera que no tenia nada en casa.

A todo esto Marcia llamó a la policía 4 veces, 30 minutos tardan en llegar. Mi papá los había agarrado a pedradas con la gomera y el que quería entrar estaba lleno de sangre, así que dejo rastros en el pasillo de entrada. Solo llegó al borde de las escaleras porque yo le gritaba como loca, lo amenazaba y Felipe al lado mío. Marcia estaba que subía y bajaba por si las dudas volvían a entrar, pero la policía llegó a los 3 segundos que el tipo salía corriendo con la base del inalámbrico y la campera de invierno de mi papa.

Lo agarraron. Es menor, así que sale mañana por la mañana. Vive en la esquina de casa, los famosos "pachequitos", pero este es un tal Andrada, pero familiar seguro. La minita vive en la otra cuadra.

Ya hice la denuncia, las exposiciones y todos los trámites.

Vinieron del Centro de Ayuda a las Víctimas porque Brunito (mi sobrino) quedó muy sensible y Damián me dice que el solo tiene en la cabeza mis gritos y que yo les decía que se fueran.

Mi hijo Damián me contó que el tenía miedo que me hicieran algo.

Tenemos (todos) turno con las sicólogas a partir del jueves.

Qué triste tener que decir que no nos pasó nada grave. Todo lo que destrozaron fue material, pero les aseguro que la sensación de impotencia es terrible.

No les importó que les gritara que estaba en silla de ruedas, que no teníamos nada, que había chicos….

Igual no se la llevaron de arriba. Mi papá le pegó en la cabeza con las piedras que tiraba con la gomera desde su habitación que está arriba, en la planta alta, mientras los tipos destrozaban a patadas la puerta y las ventanas, tiraban piedras por adelante y por atrás de mi casa rompiendo vidrios y celosías. ¡Un ensañamiento total!

Estamos totalmente consternados y asombrados de lo que puede llegar a ser un “ente”, porque ni siquiera es una persona, con tal que robar y destruir todo lo que hay a su paso sin importarle nada de nada.

“Son menores” me dijo el oficial, “Así que salen al otro día”. ¿?¿?¿?¿?¿?¿

 

Voy a hacer todos los trámites para tener un arma registrada en mi casa, tengo un amigo que es experto en armas, así que le voy a pedir que me enseñe a tirar.

Dos veces no entran a mi casa otra vez, se los aseguro. O mejor dicho, entraran, pero no saldrán.

Tengo mis principios y mi religión, pero ahora es o ellos o yo, y obviamente primero estoy yo, mi hijo y mi familia.

 

Es la ley del oeste. La misma policía dice que no puede hacer nada porque al ser menores “la ley” los protege.

 

Ah! Encima me preguntan si yo les hice algo para que se ensañaran de esa manera con mi casa… ¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?

Y de repente dice el oficial: me lo voy a llevar para que lo curen… “La cosa” tenía lastimada la cabeza por las pedradas que mi papá tiraba con la gomera (honda) desde la ventana de arriba mientras estos tiraban piedras y pateaban las puertas y ventanas.

Yo le digo:

“¿Te lo vas a llevar para que LO CUREN? Dejalo que se desangre, y que me importan los derechos de ese animal, ¿y mis derechos? ¿Y el derecho a estar tranquila en mi casa?”

 

No, no se imaginan la noche que pasamos.

Me duele la garganta de tanto gritar, pero creo que entre mis gritos, y entrar y encontrarse conmigo sentada en una silla de ruedas, Felipe - mi perro - al lado y un palo en la mano lo descolocó “al animal”, porque les aseguro que no iba a pasar de los 2 metros que separan la puerta de calle de las escaleras y la entrada a mi casa, propiamente dicha.

 

Ahora tendremos que vivir atrincherados porque vamos a cerrar con rejas toda mi casa y el patio y rogar que no vuelvan porque viven en la esquina de mi casa los… ni sé como llamarlos…

 

Estoy con mucha bronca, odio, impotencia.

 

Y literalmente quiero matar a esos hijos de re mil putas que entraron a mi casa.

 

No sé si escriba en estos días.

 

 

Martes 8 de diciembre de 2009. 18:00 hs.

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