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dimanche 28 septembre 2008

EL PEQUEÑO SALVAJE

La polémica herencia-ambiente ha sido una constante a lo largo de la historia. A lo largo del siglo XX se ha centrado en determinar qué es más importante, la biología o la educación. Sin embargo, hoy se acepta que la respuesta es variable, y que lo que se produce es una interacción entre herencia y ambiente. Mientras que ciertos trastornos físicos raros son 100% genéticos (ya sean heredados o producto de agentes tóxicos alterantes, como la exposición a cierto tipo de radiaciones), el fenotipo de la mayoría de rasgos normales complejos como salud, inteligencia o personalidad, están sometidos a fuerzas tanto hereditarias como ambientales.

Nuestro código genético tiene un carácter dual distinguiéndose una parte cerrada y fija, que contiene aspectos que nos caracterizan como seres humanos; y otra parte abierta y variable, que se moldea con el ambiente. La parte invariable contiene rasgos estructurales de nuestro ser (como tener un cerebro, dos ojos, ser bípedos...) y un calendario evolutivo (el desarrollo prenatal, el acceso a la bipedestación, los cambios de la pubertad...). El hecho de nacer tan inmaduros y que gran parte de nuestro desarrollo se produzca postparto permite que nuestra especie sea muy adaptativa. Sin embargo, nuestro futuro como especie no puede correr el riesgo de que el desarrollo de características propias de nuestro ser (como el andar, el comunicarnos, el procrear) dependan enteramente del ambiente. De ahí que la parte de nuestros genes que nos definen como especia sea tan inflexible respecto al ambiente y se desarrolle aún a su pesar, con una determinada cronología bastante regular en todos los sujetos. Esta idea se conoce como canalización y ahce referencia a que hay rasgos altamnete canalizados con pocas posibilidades de variación, y que el desarrollo humano es menos determinístico (canalizado) y más probablilístico, cuanto más nos alejamos del momento del nacimiento.

Pero respecto a la parte variable, nuestros genes proveen de capacidades potenciales y calendarios madurativos para estas capacidades de forma que el ambiente puede incidir en su inhibición o potenciación. Este concepto se conoce como esfera de reacción y hace referencia a la variabilidad potencial en la expresión de un rasgo hereditario dependiente del ambiente.

En las últimas décadas, la llamada genética de la conducta ha intentado determinar hasta que punto los rasgos psicológicos están determinados genéticamente, tratando de precisar el grado de heredabilidad de los mismos. Para ello se han llevado a cabo tres líneas de investigación: estudios de familiares, de gemelos (univitelinos y bivitelinos) y de hijos adoptivos. Las conclusiones más interesantes que ha aportado la genética de la conducta respecto a las relaciones entre herencia y ambiente son las siguientes:

Correlaciones herencia-ambiente

  • Correlaciones pasivas: Los padres transmiten a los hijos ciertos rasgos genéticamente, pero también suministran entornos que estimulan el desarrollo de esos rasgos (por ejemplo, un padre músico creará un entorno favorable para la música de forma que si el talento musical ha sido transmitido a su hijo, se verá potenciado)
  • Correlaciones evocativas o reactivas: Los niños con diversas constituciones genéticas despiertan respuestas diferentes en los adultos que los estimulan más en una u otra dirección.
  • Correlaciones activas: En función de nuestras disposiciones genéticas, las personas buscamos más unos contextos que otros al igual que elegimos más unas actividades y compañeros que otros.


Conclusiones adicionales

  • La influencia del ambiente es a nivel individual. Lo que hace distintos a dos hermanos no es sólo su dotación genética, sino el crecer en ambientes distintos, aunque vivan bajo el mismo techo.
  • En cada sujeto la ecuación herencia ambiente adopta un perfil particular que no puede ser predicha conociendo solamente el rasgo psicológico y las características del entorno.
  • Las experiencias que afectan profundamente el desarrollo no son aquellas que son similares para todos los hijos de una familia sino aquellas que son diferentes (efectos ambientales no compartidos) Mientras que la herencia es responsable de la mayor parte de diferencias.

La polémica herencia.ambiente ha ido evolucionando a medida que se ha ampliado nuestro conocimiento del genoma humano. Sin embargo queda mucho aún por descubrir respecto a los genes que determinan los rasgos psicológicos y las afirmaciones que hoy se hacen pueden verse alteradas con futuros descubrimientos.

Acontinuación pondré un documental sobre el caso de un niño que se cria totalmente desprovisto de la atención humana, más conocido como el pequeño salvaje L'Averion. En este video podremos observar la importancia y la necesidad del contacto social en la edad temprana:

a. Observen que el desarrollo del autoconcepto requiere un entorno social que proporcione a la persona lo necesario para aprehender información acerca de sí mismo.
b. Que la falta de contacto social y comunicación tiene efectos muy importantes sobre el desarrollo de la mayoría de las capacidades humanas.
c. Que como consecuencia de ese aislamiento, se halla notablemente incapaz de expresar sentimientos, más allá de los estrictamente necesarios para su supervivencia.
d. Que, como ocurre con los autistas, tiene dificultades importantes para interactuar con otros, anticiparse a otros y desempeñar distintos roles.

Además de las consecuencias de un aislamiento social prologando:

1. Obsérvese que cuando se encuentra por primera vez al niño, éste va desnudo, camina a cuatro patas, come con las manos y se desplaza entre los árboles. Hace movimientos repetitivos y estereotipados, en particular movi­mientos de balanceo con su cuerpo, una conducta muy común en niños autistas.
2. Que el pequeño no sabe hablar, sólo emite gruñidos y gemidos.
3. Que vive al margen del mundo social y que los adultos que intentan comunicarse con el niño tienen la misma sensación que si lo hicieran con un niño autista.
4. Que no reacciona ante estímulos auditivos fuertes, como el de un objeto que se cae de una mesa o el de una puerta que se cierra con un fuer­te golpe. Sin embar­go, parece reaccionar al ruido de una nuez al partirse.
5. Que al principio, el pequeño es insen­sible a cualquier emoción, no ríe ni llora, ni expresa ningún sentimiento ni afecto por nadie. Su umbral del dolor es extremadamente alto y continúa realizando constantes movimientos de balanceo; no fija bien la mira­da; hace muecas con la boca; y tiene un constante tic de guiño en los ojos.
6. Que su potencial biológico y cognitivo facilitará la desaparición de las conductas extrañas y antisociales y aprenderá a través de juegos conceptuales y de memoria, el lenguaje hablado y escrito.

FICHA TECNICA
Título original: L’enfant sauvage.
Director: François Truffaut.
Año: 1969














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